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CLARIDAD. El objetivo es hacer
trabajos que la mayoría entienda, dice Mauricio Beuchot. Foto: Joyce
Pacheco
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La filosofía debe retomar su sentido orientador de la sociedad, volver a
ser la conciencia crítica de los gobiernos e intervenir en temas candentes
que vive el país. “Tiene que salir de su universo de elevada abstracción para
derrumbar la idea de que el filósofo estorba en estos tiempos”, señala
Mauricio Beuchot.
El investigador del Centro de Estudios Clásicos del Instituto de
Investigaciones Filológicas de la UNAM, precisa que el camino para lograrlo,
es poder llegar a los medios de comunicación. “Hay que abrir espacios
para ofrecer al público el análisis de los mensajes que se emiten a diario y
participar en debates de bioética, como fue el de la ley de anticoncepción en
el DF”.
Doctor en Filosofía y asesor de tesis, señala que “tal vez no sabremos de biología,
medicina o leyes, pero sí podemos dar consideraciones éticas sobre el ser
humano, su actuar y necesidades. “Es el momento de opinar sobre los temas
candentes que vive el país”.
Otro camino es volver a ser consejeros de los gobiernos. “No como el intelectual
orgánico, que era un apéndice, sino de manera autónoma, donde el filósofo no
sólo sea el asesor, sino que el crítico más agudo de los funcionarios”.
Cuenta que este alejamiento de la vida cotidiana y de los asuntos
públicos, se debe a que se exageró en la profesionalización de la filosofía.
“Se separó de la realidad. Hoy el filósofo se dedica a hacer libros de gran
elevación, que a veces ni nosotros mismos entendemos y vive en un mundo de
abstracción muy complejo”.
Todas esas categorías y principios que maneja están bien, pero hay que
aterrizarlas. “Llevar el mensaje a la sociedad para que tenga mejor
comprensión de la realidad política y social que existe”.
Entonces, dice Mauricio Beuchot, el objetivo es hacer trabajos más concretos
y accesibles que la mayoría entienda.
INVESTIGACIÓN. El filósofo cuenta que dirige más de 20 tesistas y lleva a
cabo el estudio que titula Hermenéutica análoga: filosofía aplicada.
Explica que desde Aristóteles, en la filosofía del lenguaje hay tres tipos de
significado: el unívoco, el equívoco y el análogo. El primero, dice, es el
mensaje exacto. El segundo término define que el postulado puede ser todo o
nada y, el tercero, es el mensaje con semejanza a la realidad”.
El objetivo, detalla, es tener un sistema que ayude a entender los textos y
mensajes para el instituto y que ayudaría a comprender mejor los emitidos por
los medios de comunicación o en discursos políticos. Porque en estos
momentos, que se han definido como la postmodernidad, existe un extremo relativismo.
Pasamos de la verdad absoluta que se regía en el modernismo, a una visión
equivoca del postmodernismo. “No existe un punto medio que se acerque a la
realidad”, añade.
Mauricio Beuchot comenta que faltaba la analogía. Esa mediación entre la
verdad absoluta y el equívoco. “El acercamiento con la realidad”.
Por ejemplo, señala, un texto periodístico nunca dirá exactamente lo que
pasó, no será unívoco. Pero tampoco será equívoco, porque permitiría a cada
uno de los reporteros decir lo que le dictase su imaginación. En cambio, es
análogo, porque trata de acercarse al hecho y cómo pasó, con la posibilidad
de tener errores.
El objetivo, dice, es buscar la interpretación de los textos y los mensajes
para acercarlos a la realidad. Esto, señala, ayudaría a entender mejor a los
mensajes de los gobernantes.
Perfil
Cursó estudios en Lenguas Latina y Griega y Humanidades Clásicas en el
Centro de Estudios de la Orden de Predicadores (Padres Dominicos) en México:
1961-1968.
Tiene la licenciatura en filosofía por el Instituto Superior Autónomo de
Occidente (actualmente Universidad del Valle de Atemajac), Guadalajara,
Jalisco 1974-1976.
Estudió la maestría en filosofía por la Universidad Iberoamericana de México:
1976-1978 y el doctorado en filosofía por la misma universidad: 1978-1980.
Es Premio Universidad Nacional 2000, en el área de Investigación en
Humanidades.
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