Vladimir, el Grande

Antes de empezar a exponer mi punto de vista sobre el tema del cual quiero ocuparme hoy es menester despejar un potencial malentendido. Cuando hablo de Vladimir no me refiero al sujeto que, en 1918, ordenó la alevosa masacre del zar y su familia; no tengo en mente al astuto manipulador político que se apoderó de su país por medio de un audaz golpe de estado y quien muy pronto se encontró con la horma de su zapato, esto es, con el verdadero revolucionario que terminó haciéndolo a un lado para construir los cimientos, independientemente de cómo evaluemos su desempeño, de lo que pasó a la historia como ‘Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas’, esto es, José Visariónovich Dzlugashvili, alias ‘el hombre de acero’. Sin duda ese Vladimir fue de esos hombres que logran darle un giro a la historia y por lo tanto sería infantil no reconocer su tenacidad y sus grandes capacidades de organización y de oratoria. Pero no es ese el Vladimir que me interesa. Ese es un Vladimir de un pasado que está más que muerto y enterrado. El Vladimir al que me refiero también es un hombre de historia, pero está vivo: es orgullosamente masculino y viril, es un regenerador social, un patriota más allá de toda duda posible, un hombre que impidió que su país quedara en manos de unos cuantos bandoleros multibillonarios, el individuo que está orquestando, junto con sus colegas chinos, el nuevo orden mundial, un político a quien en Europa Occidental mucha gente simplemente lo admira o hasta lo idolatra, un diplomático efectivo y, cosa rara, un dirigente político querido por sus conciudadanos. Me refiero, desde luego, al gran Vladimir Putin, incuestionablemente la figura política internacional más carismática de nuestros tiempos. Tratemos de explicar rápidamente por qué es ello así.

Debido quizá a la influencia, inconsciente tal vez, de modelos de estado y de gobierno como los que prevalecen en el mundo occidental y al que por nuestra ubicación geográfica inevitablemente pertenecemos, en general se nos ha querido hacer creer que mientras más mediocre y gris sea un gobernante, mejor! Al parecer lo contrario equivale a ensalzar al líder, al caudillo, al dirigente y eso, se nos asegura por medio de las aburridas y vacuas frases de los apologistas usuales del sistema, es “contrario a los valores de la democracia”. Esto es hasta cierto punto comprensible, pero no es un mérito. Considérense los Estados Unidos. Allá hay un presidente y éste ciertamente toma decisiones, pero en realidad lo que opera es lo que se llaman ‘administraciones’ (“la administración Clinton”, “la administración Bush”, “la administración Obama”, etc.) y lo que eso quiere decir es que lo que gobierna es una compleja maquinaria que tiene un rostro que es el del presidente en turno. Quien está a la cabeza entonces puede ser un ignorante (como Bush) o un personaje semi-ridículo (como Hollande) o un personaje despreciable (como Reagan): ya no importa, porque “su” administración funciona independientemente de él. Así, cualquier ciudadano americano puede ser presidente de los Estados Unidos, pero ciertamente no cualquier ciudadano americano puede ser un líder. Es mucho más difícil ser un gran líder que ser quien oficialmente da la cara por la política que de manera impersonal la maquinaria va imponiendo. Lo ideal, obviamente, es tener hombres de estado que al mismo tiempo son líderes en sus países, esto es, gente que suscita emociones positivas, que es admirada, personas en las que sus pueblos creen y a quienes la gente quiere al frente de sus países. Putin, por ejemplo, está en su tercer periodo como presidente de la Federación Rusa, porque el pueblo ruso lo aclama, porque los ciudadanos rusos saben que está allí para defender sus intereses. Sobre esto diré unas palabras más abajo, pero por el momento lo que me interesa dejar asentado es la simple verdad de que Putin sobresale por ser simultáneamente además de ser un gran hombre de estado es un gran líder. Angela Merkel, para dar un ejemplo, es una astuta y efectiva dirigente de un gran país, como lo es Alemania, pero es difícil visualizar siquiera que haga que su perro mueva la cola de emoción al verla llegar a su casa! Ahí tenemos un caso de gran estadista sin carisma. Y hay peor!

Dejando de lado las consideraciones de orden personal (carácter, personalidad, anécdotas, etc.), un individuo puede ser un líder dentro de su país o también dentro y fuera de él. Mucha gente se sentiría tentada a decir que si se es de un país pobre o pequeño, entonces sencillamente ya no se puede ser un gran líder. Aparte de revelar falta de imaginación, ese punto de vista es obviamente falaz. Fidel Castro fue el dirigente de una pequeña isla durante 50 años, pero era incuestionablemente un líder de talla mundial y en algún momento quizá el mayor. Y a la inversa: se puede ser el dirigente de una potencia, por ser el jefe de una “administración” en un país poderoso, y ser no obstante un tipo despreciable o repulsivo. Lo peor, desde luego, es estar al frente de un país y no ser ni un gran hombre de estado ni un líder carismático. De lo que podemos estar seguros es de que no ese el caso de Vladimir Putin.

Admitamos, pues, que la Federación Rusa tiene en Putin tanto a un hombre de estado como a un auténtico líder. A la larga, esa combinación de cualidades no puede más que producir excelentes resultados. En lo que a Rusia concierne, yo creo que un mínimo de información de lo que pasó con ella después del brutal cambio de sistema que se operó a finales de los 80 y de su situación actual basta para confirmar que nos las estamos viendo con un individuo realmente excepcional. Cuando un país cambia de sistema de vida, independientemente del giro que tome, la vida para los habitantes del lugar puede volverse muy difícil antes de llegar a una cierta estabilización. En Rusia el cambio fue el abandono del régimen socialista y ello se operó en forma brutal en no más de una década, una década malignamente aprovechada por los norteamericanos para imponer su presencia en Asia y en algunas de las antiguas repúblicas de la URSS. Pero la transición efectuada en realidad estaba no sólo debilitando al país que estaba empezando a ver la luz, sino que había llevado a la creación de una minúscula super-oligarquía, dueña de prácticamente todo, en detrimento desde luego de los intereses de las grandes masas, con lo cual se corría el riesgo de convertir al pueblo ruso en un pueblo completamente dominado y controlado desde el extranjero a través de una minoría cosmopolita, de una nueva nobleza. Enfrentarse a los millonarios siempre es un reto, pero lidiar con 20 multibillonarios extranjerizantes y apoyados por poderosos grupos de otros países presupone mucha seguridad en sí mismo, mucha claridad respecto a lo que se quiere y mucha valentía. Putin manifestó tener todo eso: entró en la confrontación directa con los neo-super-magnates rusos y terminó expropiándoles lo que se habían robado (el petróleo, las compañías de radio y televisión, de periódicos, de aviación, la industria minera, etc. En otras palabras, todo). Pero hay que señalar varias cosas en relación con ello. Primero, ningún político mediocre se atreve a enfrentar por intereses nacionalistas a los oligarcas o plutócratas de su país. Eso sólo lo puede hacer alguien de personalidad fuerte pero sobre todo motivado por genuinas causas patrióticas, alguien que realmente quiere subir el nivel de vida de su población, garantizar su soberanía y autonomía, asegurar su desarrollo pensando no sólo en las situaciones del momento, sino en las generaciones por venir. Segundo punto: Putin hizo algo muy importante para lo que para entonces era la ex-Unión Soviética: él volvió a hacer de la religión ortodoxa la religión de estado. Esta nueva alianza se hizo sin concederle a la Iglesia Ortodoxa poderes políticos, pero sí convirtiéndola en el cemento social que su país requería. Y esta variante de religión cristiana volvió a florecer en un país del cual había sido prácticamente extirpada, convirtiéndose así en una especie de escudo frente a muchos males y peligros espirituales.

Si en Rusia Putin es un estadista aclamado por sus reformas y por haberle vuelto la dignidad al pueblo (así como a los pueblos de las antiguas repúblicas soviéticas que permanecieron dentro de la federación), cuando lo que examinamos es su desempeño como actor en la arena internacional, entonces habría que decir más bien que Putin se ha venido convirtiendo en el paladín del mundo que lucha por liberarse del estrangulamiento al que tienen sometidas a la mayoría de las naciones algunas potencias en connivencia con el criminal régimen bancario de explotación universal. Poco a poco, Putin se ha ido perfilando como el estadista con las mejores y más apropiadas propuestas para el restablecimiento de la paz, inclusive si llevados por la descarada megalomanía otros países sistemáticamente la vuelven imposible, que es lo que pasó y sigue sucediendo en Siria. Si ésta no se ha desplomado ha sido en última instancia por la ayuda rusa, en todos los sentidos de ‘ayuda’. Rusia fue un factor decisivo en las negociaciones con Irán y que culminaron en el todavía incierto pacto para limitar las actividades nucleares de dicho país. Putin, por otra parte, hizo realidad la estrategia geo-política que tarde o temprano habrá de modificar la vida en el planeta: intensificó la alianza con la gran potencia económica y militar que es China. Putin impulsó con fuerza la creación de lo que se conoce como el BRIC, que es el grupo formado por Rusia, China, Brasil y la India el cual tiene, entre uno de sus grandes objetivos, la creación de un nuevo banco mundial, esto es, de una nueva institución bancaria internacional que sea una alternativa a instituciones tristemente famosas como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, instauradas y manejada a su antojo básicamente por unos cuantos países occidentales que no buscan otra cosa que perpetuar el subdesarrollo de las naciones. El proyecto del BRICS (si sumamos la República de África del Sur) ya está en marcha y en realidad significa que, una vez que entre en funciones, el desbancamiento del dólar como la divisa mundial obligada será casi automático. Por otra parte, Putin, forzado en gran medida por lo que deberíamos llamar el ‘provocacionismo norteamericano’, quiero decir la política de constante provocación económica, militar, diplomática y comercial en contra de Rusia orquestada básicamente desde los Estados Unidos, se vio forzado a modernizar las fuerzas armadas de su país. Es, pues, evidente hasta para el más fanático y ciego de los “neo-conservadores” norteamericanos que, en palabras de Putin, “Rusia no es un país con el que se pueda tratar a base de ultimátums”. Si eso en algún momento imaginaron los políticos norteamericanos que podrían hacer con Rusia, hay que recordarles que Putin les estropeó su ensueño.

Es innegable que como político Putin es un dirigente efectivo y progresista en un sentido serio de la palabra, un hombre que ha sabido soportar terribles presiones externas pero que al mismo tiempo ha puesto en jaque a los países occidentales llevándose las palmas en más de un encuentro de alto nivel y a los cuales les ha dejado en claro que sus muy practicados procedimientos de imposición (manipulación descarada de los precios del petróleo, sin duda alguna una fuente importante de ingresos para Rusia, creación de frentes militares en sus fronteras, como lo es la absurda guerra en Ucrania, constantes ejercicios militares de la OTAN en los países limítrofes con Rusia, los típicos boicots comerciales de sus productos, etc.) simplemente no han dado y no darán los resultados esperados. Lo cierto es que Rusia cada día está más sólida y que en Rusia cada día se vive mejor (a pesar de los actuales boicots), porque Rusia es, para retomar y darle contenido a una vieja idea hegeliana, el país que encarna el desarrollo, el espíritu del futuro inmediato. Los occidentales han intentado de todo, pero les ha salido las más de las veces el tiro por la culata. Considérense las dos fragatas que Rusia ordenó en Francia por un costo de más de un billón de euros y que representaba un jugoso negocio para el gobierno francés. Incomprensiblemente, de seguro que por presiones de ciertas minorías franceso-cosmopolitas muy poderosas, el gobierno de Hollande decidió abruptamente romper el contrato y no entregar los barcos prácticamente ya terminados. Rusia se quedó sin sus fragatas para las cuales tendrá sin duda nuevas ofertas, pero Francia tendrá que pagar no menos de dos billones y medio de euros a título de reparación por los daños ocasionados a Rusia. Quién se benefició con la absurda maniobra francesa es asunto de especulación, pero así como ciertamente podemos incluir dentro de los “beneficiados” a Rusia no podemos incorporar en la lista a Francia. En resumen: es innegable que con Putin Rusia no sólo se salvó cuando estaba a la deriva, sino que a partir de entonces ha crecido y todos los indicadores, económicos u otros, lo confirman. Pero hay mucho más que decir en relación con Putin y que tiene que ver con la persona misma, con el ser humano que dista mucho de ser un mero burócrata estatal. Putin interviene abiertamente en la vida cotidiana de su país con decisiones que provienen de alguien que no nada más es el portador de una cierta investidura, sino un ser humano que tiene sensibilidad y sentido común.

Esto me lleva a otro punto que es digno de ser tomado en cuenta. Si como político Putin se ha convertido en un actor al que sencillamente no se le puede ignorar, un portavoz de la paz que congrega cada vez más a la clase política internacional, en otras palabras, si como político Putin es grande, como hombre es sencillamente fantástico. Por ejemplo, físicamente es un individuo sano y fuerte, mentalmente muy ágil pero además es un hombre que (como Mahmoud Ahmadinejad) por no estar bajo el influjo de la ponzoñosa propaganda hollywoodense, no se ha convertido como Obama en un descarado abogado de la homosexualidad (Nada más recuérdese el ridículo del presidente norteamericano durante su última gira por África en donde, en lugar de hablar de las hambrunas y de las matanzas cotidianas, se puso durante una cena a defender el matrimonio “gay”! No es fácil rastrear actuaciones de presidentes tan incomprensibles y tan fuera de lugar como esa de Obama). Putin ya dejó en claro que aunque los homosexuales no son clasificados como delincuentes en Rusia, ello no convierte a la homosexualidad en algo que él quiera para su país, para su juventud y difícilmente podría ser criticado por ello. Putin no esconde su masculinidad, algo de lo que en Occidente muchos quieren que uno se avergüence. Ahora en ciertos medios hasta hay que ofrecer disculpas por ser normal! El presidente ruso es además un soberbio luchador de judo y practica deportes extremos. Pero además tiene gestos y actitudes que sólo los grandes manifiestan. Muy significativa es la escena en la que obliga a los millonarios dueños de una fábrica a firmar un nuevo contrato colectivo con el que los trabajadores podrán ver respetados sus derechos. Esa clase de escenas son en nuestras latitudes simplemente desconocidas. Una situación que sin duda alguna, si efectivamente se dio como se cuenta que sucedió, requirió de mucha entereza y firmeza habría sido el choque con B. Netanyahu cuando éste, sin previa cita, se presentó en Moscú para prevenir a Putin respecto a que Israel destruiría Teherán con bombas atómicas si Rusia le vendía sus famosos misiles tierra-aire S-300 a Irán. Al parecer, Putin habría corrido del Kremlin al todopoderoso primer ministro israelí. Una tormentosa escena digna de Hollywood!

Desafortunadamente, de una cosa podemos estar seguros: si de lo que se trata es de informar al público general respecto a quién es quién hoy por hoy en nuestro mundo, la prensa, el radio y la televisión mexicanas no serán las fuentes de información. Lo mismo pasó con Chávez y su revolución bolivariana: en México el 99% de la población no tiene ni idea de lo que fue el proceso venezolano, pero la culpa no es de la población. Es cierto que la información es en principio asequible, pero hay que investigar y el público general no puede estar haciendo eso. Tiene entonces que conformarse con la escuálida información que los mass-media locales le proporcionan. Y sin embargo, a pesar del bloqueo informacional, a nivel mundial la popularidad de Putin crece todos los días. Cada vez gusta más su estilo directo, su sensatez política, su nacionalismo legítimo y no aplastante ni excluyente, sus intuiciones y su buen olfato político. La verdad es que lo único que a nosotros nos queda por hacer es exclamar algo como “Qué envidia!”. En verdad, nosotros, comparando la situación del pueblo de México y sus perspectivas en conexión con sus mandamases, no podemos hacer otra cosa que parafrasear el famoso dicho mexicano, atribuido a los más variados personajes de nuestra vida nacional:

   Pobre México! Tan cerca de Obama y tan lejos del gran Vladimir Putin!

 

 

1 Comment

  1. Gracias por este artículo, en el que informas claramente de este gran líder y por fortuna está vivo no obstante lejos de nosotros como lo dices.

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